viernes, 28 de enero de 2011

Pesadilla

"Esa noche tuve un sueño, un sueño que superaba la normal realidad de ellos, y lo hacia casi vivido... yo le llamo  la primera visión, la que mostraría mi caída, y mi muerte, y la que aun en mis noches temo.

Había un mausoleo y un día gris, como cuando llueve, pero este era perpetuo, no habían nubes en el cielo, ni rayos de luz, plano gris oscuro sobre el cielo y la pálida sombra de la muerte pintaban el ambiente. En frente mio una lapida y una flor blanca. No entendía el lenguaje en el que se inscribían las lapidas, pero era familiar. El lenguaje rúnico parecía llamar a extraños sujetos con togas que cubrían la frente. No vi rostros ni nada similar. Encadenado yacía un guerrero halado por estos monjes. Ninguna palabra se atrevía a romper el silencio, pero sentía el miedo de los monjes y la locura de aquel guerrero. Sus ojos traen oscuridad y muerte. Un joven se alzo y dijo cosas en un lenguaje que jamas había escuchado antes, pero que mi maestro el ciego me enseñaría en los días que pasamos en el corazón de la montaña. El guerrero es asesinado, y con su sangre se baña la lapida que vi. Yo era nada, pues nada me veía, haciéndome solo observador. El joven siguió hablando mientras la flor blanca se palpaba con sangre, y la teñía como lo hace la amargura en el corazón de los buenos hombres. Los cielos se abrieron y dejaron pasar un rayo de luz, y los monjes dejaron ver sus rostros, y sonrieron. Pronto el paisaje ya no era tan sombrío y era cómodo, como un atardecer en las villas de mi pueblo natal.

No puedo evitar mi tristeza al ver mi parecido con este guerrero caído, aunque no tengo la complexión de uno, mi alma y mi corazón permanecen fuertes. Des-afortunadamente aveces me veo en el espejo y veo un loco, y en mis peores momentos me doy cuenta que soy yo."

El loco no hablaba como lo hacia normalmente, su rostro era oscuro, temeroso. Por un momento se perdió en la bastedad del mar. Cuando lo hizo, los relámpagos tronaron y el mar gruño, como si obedecieran a este loco. Es curioso, pero desde que navegamos con el, no ha habido ninguna tormenta, los mares no dan problema, y me queda espacio en mi bitácora para escribir sus historias. Algunos en mi flota empiezan a creer que el loco es un hechicero y lo evitan. Los marineros son gente muy supersticiosa.

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